Sofía Jaramillo
Líder juvenil
/ @sofia_jaramilloospina
Los días 29 de abril, 8 y 9 de mayo, 30 cabezas jóvenes, vibrantes, pensantes y desconocidas entre sí se reunieron en un laboratorio. El propósito era iniciar un ejercicio de transformación ciudadana. El medio fueron las ideas tejidas, los pensamientos construidos en comunidad y las palabras dichas desde la reflexión.
En el laboratorio de #NextGenCLAB, los días transcurrieron desde el pensamiento reflexivo, la diferencia y la creación. La inmersión en la ciudad se dio desde las perspectivas juveniles de quienes caminan las calles día a día, lo que le otorgó un carácter innovador y muy real a ese lugar: un espacio donde se cocinó y sirvió este experimento.
El primer día fue una inmersión reflexiva sobre los ejes temáticos de este laboratorio: la salud mental y el espacio público en Manizales. Ese primer momento nos hizo comprender que la intención de esta experiencia deliberativa era crear un producto materialmente aplicable como efecto directo de las conversaciones suscitadas, exploradas y revisadas de manera crítica y cuidadosa durante los tres días de preparación.
El segundo día fue de reconocimiento. Hicimos una exploración por un museo de inspiraciones, en el que se presentaron experiencias sociales y ejercicios colectivos de transformación del espacio público que se han dado alrededor del mundo, además de observar los resultados y cambios que generaron en las poblaciones impactadas por estos proyectos.
(...) cada uno de los jóvenes que vivimos la experiencia fue tocado por la ciudad, por la experiencia del otro y por una conciencia compartida que se fue construyendo sobre la salud mental día a día.
Estos dos días de experiencia sirvieron de inspiración y de ingredientes para construir nuestra propuesta de transformación de ciudad. En ella está integrada nuestra visión de ciudad, cuyos sabores y texturas fueron nuestros sentires, nuestras experiencias de vida y también el aprendizaje académico local y global, las trayectorias parecidas y las distintas y, en general, la diversidad juvenil puesta en un papel.
En efecto, al finalizar la jornada del 9 de mayo, presentamos ante un competente jurado el resultado final de una propuesta de proyecto que pretende cotidianizar la salud mental a través de la transformación del espacio público en Manizales. En el plato fuerte expusimos por qué hablar de bienestar emocional y de espacio público es una prioridad para la agenda pública de la ciudad, y cómo este tema transversaliza no solo a los jóvenes, sino también a todas las formas diferentes de existencia que habitan la ciudad.
Definitivamente, el ingrediente más importante de nuestra propuesta (y el que otorgó sentido a este laboratorio) fue que cada uno de los jóvenes que vivimos la experiencia fue tocado por la ciudad, por la experiencia del otro y por una conciencia compartida que se fue construyendo sobre la salud mental día a día. Y es que, para poder hacer una propuesta de impacto colectivo, tenemos que ser tocados internamente.
El laboratorio fue un éxito porque nos implicó mirarnos como un todo, poner las emociones como eje de la conversación y que eso no significara parcializar el trabajo conjunto o desvalorizar la creación de conocimiento.
Las 30 cabezas jóvenes, vibrantes y pensantes ya no son desconocidas: son conciudadanos a quienes los une un sentido de cambio profundo y eso, en sí mismo, ya empezó a transformar la ciudad.