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Quibdó, Chocó

Agustina soy

Créditos de la fotografía: Cocco Kilele

Agustina soy

Cocco Kilele

Cocco Kilele

Poeta, escritora, artista y lideresa cultural

/ @cocco_kilele

Valentina Córdoba Palacios, Cocco Kilele, es una joven poeta, escritora, artista y lideresa cultural del Chocó. En este Altavoz, cuenta la historia que inspiró Agustina soy, un poema que escribió hace algunos años y que hoy comparte con nosotros:

Bueno, Agustina fue una mujer negra esclavizada en el municipio de Tadó que fue abusada por quien entonces era su amo o dueño, Miguel. Y resulta que eso podría no ser algo extraño para la época. Sin embargo, para el año en el que estaba Agustina, ella tenía la posibilidad de denunciarlo, o sea, de expresar que estaba inconforme con eso. Y, como era de esperarse, pues no pasó nada. Miguel no quería que Agustina tuviera el bebé porque, para él, era una aberración que una mujer negra pariera a su hijo. Por lo tanto, a golpes hicieron que el bebé de Agustina muriera. Y lo que hizo Agustina, como una forma de dignificar su rabia y de, literalmente, poner la vida por la vida (porque después de esto Agustina fue asesinada), fue no solo prender esa hacienda donde estaba con Miguel, sino organizar incendios en distintas tierras que pertenecían a ese hombre. Entonces, por eso, el día de hoy ustedes pueden encontrar en Tadó una estatua en honor a Agustina. Y por eso existe ese poema de Agustina.

Y yo estoy aquí para recitarles un poema que escribí hace unos años y se llama Agustina soy.

Soy Cocco Kilele, hija de Yiris, parida por Rozana y Paulina, nieta de Rosa Cruz y descendiente de Rosa María.

Y yo soy porque todas ellas fueron.

Agustina soy dice:

Soy memoria, memoria tengo
y memoria siento.
Renazco alrededor de elementales, me alzo,
levito sobre la tierra,
pongo mi voz en el aire,
regreso a la raíz.

Yo soy África, madre,
bendita diosa,
descendiente de Shun,
a mis ancestros me aprecio.

Soy la escuerpes en el barco,
el azote y cicatriz,
las cadenas y los llantos de mis hermanas,
el sentir,
el desembarque en Atrato,
el camino hacia Lloró.

Yo soy la mayor Agustina,
prendí hacienda,
en Tadó esclavizada me encontraba
a manos de un hombre llamado Miguel.

Después de violarme, quería lastimarme más.
Él que abortara me decía.
Él me quería obligar,
yo me negué
y me comenzó a azotar.

Y a denunciarlo fui
y la corte falló en mi contra.
Inexplicable el dolor.
Golpe tras golpe,
mi vientre soportó
y el fruto que había en él
cruelmente murió.

Y en voz de las mayores
mi historia hoy está,
y lo que hice con ayuda del fuego
voy a contar.

Imagínense, me fui
de hacienda en hacienda
y en mi nombre las hice arder,
en el nombre de los ancestros
y en el nombre de todo nuestro iré.

Y le quemé la casa del amo.
Yo, mujer negra,
la casa del amo incendié.
Yo, hija del fuego,
hoy proclamo que quemo
el racismo del amo,
la opresión del amo,
el patriarcado del amo.

Y si es posible,
hoy todos nos quemamos.

Le prendo fuego al dolor que me atraviesa.
Le prendo fuego a la herida colonial.
Le prendo fuego a lo que me lastima.
Y en el fuego me permito sanar.

Renazco en cada una de mis hermanas,
negras, dóbias, danzantes.
Estamos conectadas
a un solo corazón.

Hoy es un día histórico.
Pues las Agustinas,
prendimos este salón.