Sharon Roca
Líder juvenil
/ @rocasharon_ / @hub.conexionjuvenil
Imagínate vivir en Suiza y perderte esto. Estoy segura de que más de una vez has escuchado esa frase. Ahora yo me pregunto: ¿me gustaría vivir en Suiza y no ser parte de los más de 5 millones de personas jóvenes que enfrentan barreras para acceder a educación, empleo digno y desarrollo en Colombia? Esa es una pregunta que muchos nos hacemos y cómo varias cosas en la vida, las respuestas son diversas, jóvenes que deciden quedarse a luchar y otros que emprenden el arduo camino de migrar en busca de oportunidades.
Yo siempre he sido una joven con muchos sueños un poco ambiciosos si consideramos la realidad que me atraviesa. Nací en un pueblo donde hasta hace muy poco logramos dejar de cruzar el canal del dique en canoa para poder viajar a Cartagena, la ciudad más cercana en busca de oportunidades. Quizá esa es mi realidad, porque siempre tuve el mediano privilegio de salir; eso sí, lo comparo con otras personas de ese mismo pueblo que escasamente tienen para subsistir allí. Pese a todas las dificultades enfrentadas, logré romper un techo de cristal e irme a estudiar a la ciudad de Barranquilla, ciudad que para mí representa el epicentro de las oportunidades para los jóvenes del caribe colombiano.
Una vez llegué allí, comprendí que tenía un propósito de vida y que era un deber conmigo misma hacer algo más que dedicarme únicamente a estudiar. Fue así como coincidí con GOYN Barranquilla, una iniciativa que me abrió sus puertas y me permitió conocer de cerca las realidades de las juventudes en la ciudad. Ese interés fue creciendo hasta llevarme a participar en un espacio tan enriquecedor como el Hub Conexión Juvenil.
Desde mi participación en la Mesa de Empleo, he podido comprender de manera más concreta las realidades y barreras que atraviesan jóvenes de distintos contextos del país. También he descubierto que somos muchos quienes soñamos y trabajamos por construir un país con mejores oportunidades para las juventudes.
Cuando ponemos en común el conocimiento, las capacidades y las voces de quienes viven estas realidades, podemos pasar de identificar las barreras a construir respuestas colectivas para transformarlas.
Esto me ha permitido dimensionar la importancia de que los distintos actores puedan dialogar, compartir aprendizajes y construir agendas comunes que respondan a las trayectorias de vida de los jóvenes, sin desconocer la diversidad de los territorios. Porque lo que funciona en Bogotá no necesariamente funcionará en Barú, Cartagena.
Sin embargo, sí podemos compartir herramientas y aprendizajes que, adaptados a cada contexto y construidos de la mano de los jóvenes que enfrentan estas barreras, pueden convertirse en soluciones significativas. Para mí, ahí está la fuerza del trabajo colectivo: reconocer nuestras diferencias, poner en común lo que sabemos y construir juntos mejores oportunidades para las juventudes del país.
Estos meses de exploración, integración y aprendizaje dentro del Hub marcan un antes y un después. Para mí, cerrar esta etapa con un producto de aprendizaje como el position paper “¿Qué sabemos, qué falta y qué sigue? Una agenda para el empleo juvenil en Colombia” representa precisamente eso: pasar de comprender la realidad del país a proponer estrategias concretas que impulsen una agenda común para construir un mejor futuro para las juventudes.
Y aunque el empleo es uno de los temas que abordamos, no es la única realidad que atraviesa a los jóvenes en Colombia. Sabemos que enfrentamos múltiples barreras y, por eso, desde la Mesa de Empleo decidimos puntualizar algunas de las más relevantes, pero también avanzar un paso más: concretar qué podemos hacer para contrarrestarlas. El valor del producto está justamente en esa posibilidad de pasar de la identificación de las problemáticas a la construcción de respuestas.
Una de las problemáticas que identificamos es la desconexión entre la educación, la intermediación laboral y las necesidades del mercado. Esto deja a muchos jóvenes formados en habilidades que no necesariamente responden a las oportunidades disponibles, prolonga sus períodos de búsqueda de empleo y termina afectando no solo su estabilidad económica, sino también su bienestar.
Frente a esta realidad, el position paper propone priorizar rutas integrales que acompañen a los jóvenes más allá de la formación. Esto implica identificar las habilidades que se necesitan hoy y en el futuro, fortalecer las oportunidades de experiencia práctica y garantizar una intermediación laboral conectada con ese proceso.
Lograrlo requiere una articulación real entre el sector productivo, las instituciones educativas y los servicios de empleo, sumando esfuerzos para acompañar a los jóvenes a lo largo de toda su trayectoria y cerrar los vacíos que hoy dificultan su inserción laboral.
Y es justamente en este proceso donde se hace evidente el valor de trabajar colectivamente: la unión de distintos actores y la inclusión de las voces de los jóvenes puede convertirse en una herramienta con verdadera vocación transformadora. Para mí, ese es uno de los mayores aprendizajes de esta experiencia: cuando ponemos en común el conocimiento, las capacidades y las voces de quienes viven estas realidades, podemos pasar de identificar las barreras a construir respuestas colectivas para transformarlas.
Conoce el producto de aprendizaje ¿Qué sabemos, qué falta y qué sigue? Una agenda para el empleo juvenil en Colombia y síguenos en redes sociales para enterarte sobre más aprendizajes para fortalecer el bienestar de las juventudes