Valeria Malatesta
Consejera municipal de juventudes de Palmira
/ @valeriamalatesta
Me gustaría hablar de Palmira, también conocida con el nombre la Villa de las Palmas. Está ubicada en la región sur del departamento del Valle del Cauca y se encuentra a 26 km al oriente de Cali, la capital del departamento. Contamos con alrededor de 359.888 habitantes y, según el DANE (2025), somos el segundo municipio más poblado del departamento, representando alrededor del 7,7 % de la población total del Valle del Cauca.
En mi ciudad, la participación política de la juventud es un proceso heterogéneo y significativo en el ejercicio de la democracia y el desarrollo local. En Palmira, según lo establecido en la ley estatutaria de ciudadanía juvenil 1622 de 2013 y 1885 de 2018, como jóvenes entre 14 y 28 años tenemos espacios concretos para incidir en las políticas públicas y ser protagonistas en la transformación social a través del Consejo Municipal de Juventud (CMJ), las Juntas Administradoras Locales (JAL) (Ley 1551 de 2012), las Juntas de Acción Comunal (JAC) (Ley 2166 de 2021) y los gobiernos escolares (Ley 115 de 1994 y el Decreto 1860 de 1994). En mi ejercicio como Concejera Municipal de Juventud (CMJ), quiero decir que para mí este esta instancia de participación, es un mecanismo de representación juvenil que permite a los jóvenes alzar su voz, proponer ideas, realizar veeduría a proyectos por y para los jóvenes, gestionar y socializar las ofertas públicas y privadas, además de funcionar como un puente entre la administración municipal y la juventud local, en todos los temas concernientes a esta población.
Siento que la participación no es un acto meramente electoral o simbólico: es una oportunidad para los que vemos las juventudes no solo como una etapa de la vida, sino como el momento en que se plantan las semillas que germinarán los cambios para transformar realidades.
Soy consciente de que la participación juvenil se enfrenta a realidades diversas y a problemáticas complejas que, en muchos casos, dificultan que otros jóvenes, como yo, nos involucremos activamente en los mecanismos de participación política. Un ejemplo fue lo ocurrido en el 2021, donde se evidenció un bajo porcentaje de participación, y creo que la razón es la ausencia de incentivos para la organización y la acción colectiva, además del desconocimiento de estos mecanismos por parte de la juventud, impidiendo que aprovechemos plenamente las posibilidades de realizar incidencia política.
Pienso que todo se construye un paso a la vez, por eso a pesar de esos desafíos, considero que con cada paso que doy alguna huella queda en el camino que ayudará a mejorar este panorama, articulándome con instituciones educativas, organizaciones sociales y el gobierno local para construir diálogos y acciones significativas, reconociéndonos como una fuerza democrática fundamental. Siento que la participación no es un acto meramente electoral o simbólico: es una oportunidad para los que vemos las juventudes no solo como una etapa de la vida, sino como el momento en que se plantan las semillas que germinarán los cambios para transformar realidades. Además, es una oportunidad para que seamos parte activa en la construcción de políticas públicas, en el control social y en el diseño de una sociedad más equitativa y democrática.
Es cierto que este escenario político me demanda un compromiso continuo, no solo de la administración sino también con todos los y las jóvenes que hacemos parte de la democracia. Lo que me representa un reto profundo al momento de generar espacios de empoderamiento y liderazgo juvenil, dado la diversificación que hay sobre los asuntos que afectan a la juventud. Pero también reconozco que esta participación tiene el potencial para fortalecer la representación y atender las necesidades específicas de nuestra población siempre y cuando se haga bajo principios y valores que permitan la transformación social y la democracia. Porque en nosotros, la juventud, fluyen las inquebrantables corrientes del cambio, un grito fuerte que no conoce las fronteras del silencio, un vigor que no solo imagina presentes distintos, sino que busca construirlos con manos impetuosas y corazones encendidos.