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Cartagena, Bolívar

Resignificar la participación juvenil

Créditos de la fotografía: Maloris Guerra

Resignificar la participación juvenil

Maloris Cartagena

Maloris Guerra

Líder juvenil

/ @malorysguerragomez

El liderazgo ha sido una constante en mi vida desde que siendo estudiante de colegio asumí el reto de ser personera estudiantil. Esa primera experiencia me permitió comprender que liderar no significa hablar por los demás, sino escuchar, construir consensos y trabajar para que las voces de otros también sean tenidas en cuenta. Desde entonces, mi compromiso con las juventudes dejó de ser una actividad extracurricular para convertirse en el propósito que ha orientado mi formación académica y mi participación ciudadana.

Soy Maloris Guerra, cartagenera de 25 años y estudiante de último semestre de Derecho y Administración Pública Territorial, convencida de que las transformaciones sociales comienzan cuando las y los jóvenes participan en los asuntos públicos, he dedicado los últimos años a fortalecer espacios de representación e incidencia juvenil; Ese camino me llevó a integrar organizaciones juveniles de Cartagena y, posteriormente, a presidir la Plataforma Distrital de Juventudes entre 2022 e inicios de 2025, una experiencia que me permitió comprender el valor del diálogo, la concertación y la construcción colectiva.

Mi compromiso también se extendió a escenarios de paz y participación a nivel regional y nacional. Entre 2021 y 2024 tuve el honor de ser Consejera Departamental de Paz de Bolívar, convencida de que hablar de paz implica reconocer a las juventudes como protagonistas de su construcción, además, integré la Plataforma Nacional de Juventudes y, durante 2023, ejercí como Comisionada Nacional de Concertación y Decisión, espacios que fortalecieron mi capacidad de incidencia y reafirmaron una convicción que hoy sigue guiando mi liderazgo. Cuando las y los jóvenes cuentan con espacios reales para participar, no solo transforman sus comunidades, sino que también enriquecen la democracia.

Participar en el Hub Conexión Juvenil ha significado para mí la oportunidad de habitar un espacio donde el aprendizaje se construye desde la diversidad de experiencias y saberes, en este escenario confluyen la academia, las organizaciones sociales, el sector privado y los liderazgos juveniles, demostrando que las soluciones a los grandes desafíos de las juventudes solo son posibles cuando diferentes actores se encuentran en condiciones de igualdad para dialogar y construir.

Uno de los mayores aprendizajes que me deja este proceso ha sido comprender que la confianza no es el resultado del trabajo colectivo, sino su punto de partida. Gracias a ella ha sido posible tejer redes, articular iniciativas y construir conexiones que fortalecen las capacidades de quienes hacemos parte del Hub. Cada experiencia, cada buena práctica y cada perspectiva aportada por los distintos participantes se convierte en un insumo valioso para pensar respuestas más integrales a los retos que enfrentan las juventudes.

Cuando las y los jóvenes cuentan con espacios reales para participar, no solo transforman sus comunidades, sino que también enriquecen la democracia.

— Maloris Guerra

Hasta ahora, no había participado en un espacio donde la horizontalidad dejara de ser un concepto para convertirse en una práctica cotidiana. En el Hub todas las personas tenemos la posibilidad de proponer, debatir, decidir y construir en conjunto, ninguna voz pesa más que otra y cada experiencia, tanto individual como colectiva, enriquece las decisiones que finalmente se materializan. Esa forma de trabajar demuestra que la participación auténtica comienza cuando todas las personas son reconocidas como interlocutoras válidas y corresponsables del proceso.

Elegí integrar la Mesa de Participación Juvenil porque mi trayectoria siempre ha estado ligada a la defensa y promoción de los derechos de las y los jóvenes, y, encontré aquí, un espacio para reconocer las múltiples realidades que atraviesan a las juventudes del país y para reflexionar sobre cómo generar herramientas que contribuyan a fortalecer su participación. Desde el inicio comprendimos que la participación juvenil es un concepto amplio, con múltiples expresiones y desafíos, por lo que como mesa de participación decidimos centrar nuestra discusión en una pregunta fundamental: ¿cómo se da la participación juvenil en escenarios intergeneracionales? A partir de esa pregunta surgieron nuevas reflexiones: ¿qué condiciones deben existir para que esa participación sea posible?, ¿qué elementos permiten que el diálogo entre generaciones sea realmente horizontal?, y sobre todo, ¿qué se necesita para que la participación de las juventudes deje de ser simbólica y se convierta en un ejercicio de incidencia capaz de influir en las decisiones que impactan sus vidas? Estas preguntas no solo orientaron el trabajo de la Mesa, sino que también transformaron mi manera de entender el papel de las juventudes en la construcción de políticas públicas y en el fortalecimiento de la democracia.

En Colombia, hablar de participación juvenil sigue siendo un desafío, aunque en las últimas décadas se han conquistado importantes avances normativos como la Ley 1622 de 2013 e institucionales para reconocer a las juventudes como sujetos políticos, como el viceministerio para las juventudes y el CONPES 4040 de 2021. Aunque todavía persisten escenarios donde su participación es entendida como un requisito formal y no como un ejercicio real de incidencia, con frecuencia, las y los jóvenes somos convocados para opinar, pero no siempre para decidir; nuestras voces son escuchadas, pero no necesariamente incorporadas en la formulación de políticas o en la toma de decisiones que afectan directamente nuestras vidas. Por eso, fortalecer una participación auténtica implica ir más allá de abrir espacios: significa generar las condiciones para que las juventudes puedan influir, construir y transformar, en igualdad de condiciones.

A lo largo de este proceso hemos comprendido que uno de los mayores retos de la participación juvenil en Colombia no es la ausencia de espacios, sino la manera en que muchos de ellos funcionan. Con frecuencia, los escenarios públicos mantienen dinámicas verticales en las que las y los jóvenes somos convocados para participar, pero pocas veces contamos con condiciones reales para incidir, mientras los funcionarios y otros actores institucionales intervienen desde el lugar del conocimiento experto, las experiencias, propuestas y saberes de las juventudes suelen quedar relegados a un segundo plano.

Fue precisamente de esa reflexión que nació Voces que inciden, el producto de aprendizaje construido desde la Mesa de Participación Juvenil. Más que un juego, es una herramienta pedagógica que a partir de situaciones inspiradas en experiencias reales, invita a generar conversaciones, cuestionar prácticas tradicionales y promover aprendizajes compartidos en escenarios intergeneracionales, su propósito es demostrar que la confianza, la legitimidad y la articulación no son resultados del proceso participativo, sino las condiciones necesarias para que este sea auténtico y tenga capacidad de transformar decisiones.

Abrir espacios de diálogo desde la horizontalidad permite que todas las voces sean reconocidas y ninguna se pierda. Reconocer que todas las personas tienen algo que aportar, independientemente de su edad, cargo o trayectoria, cuando las juventudes son escuchadas en igualdad de condiciones, la participación deja de entenderse como un acto simbólico y comienza a convertirse en un ejercicio de incidencia que fortalece las decisiones públicas y hace más democráticos los procesos colectivos.

Voces que inciden busca precisamente eso: acercar generaciones, propiciar conversaciones honestas, generar reflexiones conjuntas y evidenciar las barreras que aún limitan la participación efectiva de las juventudes. Sobre todo, busca recordar que las voces jóvenes no representan únicamente una opinión más dentro del debate público; son una fuente de innovación, transformación y construcción democrática, al tiempo, pretende resaltar el poder de sus voces y demostrar que los escenarios intergeneracionales pueden convertirse en espacios donde las diferencias no sean una barrera, sino una oportunidad para construir soluciones colectivas que respondan a las realidades de las juventudes.

La participación juvenil no puede seguir midiéndose por el número de espacios que existen o por la cantidad de jóvenes que asisten a ellos, su verdadero valor radica en la capacidad de transformar las conversaciones en decisiones y las decisiones en acciones que mejoren la vida de las jóvenes.