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Quibdó, Chocó

Ser mamá sin dejar de ser líder (o ser líder sin dejar de ser mamá)

Créditos de la fotografía: Kathleen Palacios

Ser mamá sin dejar de ser líder (o ser líder sin dejar de ser mamá)

KathleenByN

Kathleen Palacios

Líder juvenil

/ @lindayeliz

Cuando fui mamá, por momentos sentí que tenía que elegir. Elegir entre seguir cumpliendo con mis roles de liderazgo o cumplir con mi nuevo rol de madre. Los tiempos se cruzaban, las responsabilidades también y apareció la frustración de querer hacer ambas cosas bien y sentir que, tal vez, no podía. Sentir que no iba a poder con todo al tiempo.

Llevo vinculada a procesos de liderazgo desde los 17 años. Mi trabajo ha estado enfocado en lo cívico y lo social, en la defensa de los derechos humanos, de las mujeres y en la construcción de paz. Durante años, ser parte de estos procesos ha sido una parte importante de mi vida. Pero con la maternidad llegó una pregunta que no había tenido que enfrentar antes: ¿cómo seguir siendo líder y, al mismo tiempo, ser la mamá que quería ser?

Al principio fue muy difícil. Hubo un momento en el que incluso pensé en dejar el liderazgo para liberar mi tiempo y poder ser una “muy buena mamá”. Pensaba que no podía ser ambas cosas. Conciliar esos dos lugares ha sido un proceso. Tuve que comprender que la vida no se detenía con la maternidad. Mi hija iba a crecer y muchas de las luchas por las que había trabajado seguirán ahí. Entonces entendí también que continuar tenía que ver con ella, con su futuro.

Quiero dejarle un legado. Quiero que mi nombre esté vinculado a algo importante para mi comunidad y que algún día mi hija pueda sentirse orgullosa de lo que su mamá ayudó a construir. Pensar en eso se convirtió en uno de mis motores para seguir.

Lo más difícil sigue siendo intentar hacer bien las dos cosas: ser mamá y ser líder. No desatender una por hacer la otra. En ese proceso he entendido algo fundamental: no puedo hacerlo sola.

— Kathleen Palacios

Hoy mi hija tiene 18 meses. Trabajo, estudio y estoy escribiendo la monografía para graduarme de mi segunda carrera. También sigo inmersa en procesos de liderazgo y actualmente soy presidenta de la Fundación Umoja, desde donde trabajamos por el empoderamiento femenino y por fortalecer el papel de las mujeres en la construcción de paz. 

Sin embargo, hacer todo esto no significa que haya encontrado una fórmula para equilibrarlo perfectamente. Lo más difícil sigue siendo intentar hacer bien las dos cosas: ser mamá y ser líder. No desatender una por hacer la otra. En ese proceso he entendido algo fundamental: no puedo hacerlo sola. Contar con una red de apoyo ha sido indispensable. Hubo momentos en los que no podía asistir a una reunión y las personas con las que trabajaba iban hasta mi casa. En otras ocasiones, mi familia podía cuidar a mi hija y eso me permitía continuar participando en las dinámicas de liderazgo.

A veces nos quedamos calladas porque creemos que tenemos que poder con todo. Pero también tenemos que aprender a pedir ayuda cuando la necesitamos. Mirar la historia de otras lideresas que han podido continuar también ayuda. Nos recuerda que no estamos solas y que la maternidad no tiene por qué significar renunciar a aquello que hemos construido, por lo que hemos trabajado desde hace tanto.

Quiero seguir siendo parte de las dinámicas de liderazgo de mi territorio. Quiero ser un referente para otras mujeres y para mi comunidad. Quiero aportar a la construcción de un mejor Chocó, donde nuestras acciones contribuyan a la paz y a una mejor convivencia.

Ser mamá transformó mi vida, pero no acabó con mi liderazgo. Ahora también sé por quién quiero seguir construyendo ese camino.