Juventud en Cartagena, Quibdó y Manizales lidera transformaciones sociales, ambientales y culturales en sus territorios

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Bogotá, agosto de 2025. De las playas de Cartagena al Atrato chocoano y las laderas cafeteras de Manizales, la investigación realizada desde NextGenC, Generación urbana conectada, dibuja un panorama contundente: las juventudes de las ciudades intermedias están moviendo las agendas de cultura, paz y ambiente desde sus propios territorios. Lo hacen a través de múltiples acciones que van desde la membresía a juventudes de partidos políticos, pasando por la creación de escuelas comunitarias, hasta ejercer liderazgos creando contenido digital. Uno de los estudios más recientes del proyecto combinó un mapeo de organizaciones juveniles con entrevistas semiestructuradas y observación participante, aplicado por un equipo que incluyó jóvenes investigadores locales; así se pudo llegar al corazón de los procesos, conociendo sus retos y su potencia transformadora.

La investigación, realizada por un equipo de la Universidad de Los Andes y publicada en www.nextgenc.net/investigacion, tuvo como foco principal las tres ciudades intermedias que se han estudiado en el proyecto desde su lanzamiento en 2023. Entre los principales hallazgos están: 

·         En Cartagena, el telón de fondo es exigente: una ciudad de 1.059.626 habitantes, con 54% de empleo informal y una década (2008–2018) de 12 alcaldes, situación que minó la gobernabilidad y la confianza institucional. Allí viven 268.824 jóvenes, de entre14–28 años. En ese contexto, los procesos juveniles ponen el foco en identidad cultural y justicia racial, reivindicando el patrimonio afrodescendiente y denunciando desigualdades históricas; cuestionan el turismo masivo por sus efectos de gentrificación y exclusión, y luchan por modelos más justos y sostenibles; también enfrentan problemas como la prostitución asociada a la falta de oportunidades y el manejo de residuos, que afecta barrios, caños y manglares. 

·         Quibdó aparece como un laboratorio de resiliencia: 133.906 habitantes, la pobreza monetaria más alta del país (60,1%) y la tasa de desempleo juvenil más alta para el último trimestre de 2024; aun así, 70,3% de quienes cursan 11.º acceden a educación superior. En este escenario, las juventudes priorizan la construcción de paz y la memoria, con acciones de diálogo, reconciliación y cuidado de la vida. Denuncian el impacto del conflicto armado (incluido el reclutamiento forzado), la pérdida de identidad étnica por desplazamiento y violencia, y la fragilidad de la salud mental (especialmente en jóvenes indígenas) ante la escasa oferta psicosocial con enfoque diferencial. Complementan su acción con protesta social, arte comunitario y mesas de interlocución con instituciones; su liderazgo institucional también aparece en escuelas, universidad y consejos de juventud. 

·         En Manizales, una ciudad con una población juvenil flotante, debido a la concentración de instituciones de educación superior, emergen temas y formas de participación sumamente diversas. Algunos jóvenes se involucran por la defensa del ambiente: desde el vínculo con los páramos, los nevados y las cuencas hasta campañas de conservación para la sostenibilidad del territorio. Además, la agenda se completa con democracia (exigencia de representación real y dispositivos como el Gabinete Juvenil), educación (incluida la rural), género (prevención de violencias y derribo de estereotipos) y salud mental (visibilización y cuidado). En el repertorio de acción conviven el activismo digital, el trabajo comunitario y expresiones culturales que van del ballroom al graffiti, como lenguajes para disputar sentido e identidad en el espacio público. 

La tecnología entra y sale de escena de acuerdo con las condiciones locales: donde hay más acceso, las redes sociales se vuelven palancas de organización y alcance (campañas, contenidos y convocatorias, entre otras acciones); donde no, pesan más las tramas comunitarias, el arte y la interlocución en territorio. En todos los casos, el activismo digital aparece como un recurso reconocido por los propios actores.

«De hecho, en mi proceso me he encontrado con eso, y es que los jóvenes participan por medio de las redes sociales. Porque ahí uno se da cuenta que la participación política, no solo seda en el ámbito institucional, sino que también los jóvenes expresan lo que sienten, eso es una movilización política del cuerpo, expresan lo que sienten por medio de una nota de Instagram, por medio de una historia, por medio de lo que comparten en Twitter», joven de Manizales.

«A mí me encanta ahora ver muchos jóvenes haciendo activismo [en redes sociales]. Jóvenes que están utilizando las redes sociales para enseñar lenguaje de señas, por ejemplo, o jóvenes que están diseñando aplicaciones incluso para que las personas puedan comunicarse o puedan aprender lengua. Siento que desde el activismo que están haciendo están haciendo un buen uso o uso adecuado de esas tecnologías», joven de Cartagena.

El resultado de esta primera entrega deja un mensaje claro: la acción colectiva juvenil ya está cambiando la conversación urbana. En Cartagena, la cultura y la justicia racial tejen pertenencia y derechos; en Quibdó, la paz se construye a pulso en medio de las brechas; en Manizales, el cuidado del ambiente ordena una visión de futuro. NextGenC busca amplificar estas voces como plataforma de conocimiento y participación para ciudades intermedias más inclusivas, sostenibles y resilientes.

NextGenC, Generación Urbana Conectada, es un proyecto de investigación desarrollado por la London School of Economics (LSE), la Universidad ICESI de Cali y la Universidad de los Andes de Bogotá en compañía de las ONG UCLG de Barcelona y Despacio de Bogotá. Es financiado por Fondation Botnar y parte del programa TYPCities (Technology and Youth Participation in the Governance of Intermediate Cities in Low and Middle Income Countries) con presencia en Senegal, Nepal, India, Indonesia, Líbano, Colombia y Jamaica.

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