cubos
columna

Manizales, Caldas

Viaje gratis a la Arenosa

Créditos de la fotografía: #NextGenC

Viaje gratis a la Arenosa

Brandon AV

Brandon Álvarez

Líder juvenil

/ @brandy.com.co

Del 19 al 21 de diciembre Barranquilla será sede de la Asamblea Nacional de Juventudes. Un espacio que, según la Ley 1885 de 2018, debería ser el punto más alto de la participación juvenil en Colombia: dos mil jóvenes reunidos para debatir, proponer y construir una agenda de país. En teoría. Porque en la práctica, varias delegaciones llegan más preocupadas por el viaje, la foto en la playa y el souvenir de la Arenosa que por el propósito político del encuentro.
Y hay que hablar de esto sin titubeos: cada vez es más evidente que algunos jóvenes no están yendo a estos espacios para aportar, sino para pasear con presupuesto público. No es un secreto. Lo dicen los chats, los grupos de WhatsApp, las conversaciones previas al viaje: “¿dónde nos vemos?”, “¿qué planes hacemos por la noche?”, “¿qué vamos a tomar? ”. De la agenda política, poco. Del análisis, casi nada.
El problema no es el viaje, soy un gran creyente de que la política se construye también en espacios no institucionales. El problema es la ligereza con la que asumimos espacios que nos costaron décadas de lucha juvenil, desde la Ley de Ciudadanía Juvenil hasta la construcción de plataformas, CMJ, procesos locales y redes que muchos jóvenes defienden todos los días con trabajo y sacrificio. Mientras unos se queman las pestañas escribiendo diagnósticos, gestionando mesas de trabajo y movilizando causas, otros esperan simplemente que el gobierno o una institución les financien un fin de semana de turismo político.
En estos escenarios emerge una dura verdad: la participación juvenil no solo está amenazada por la falta de garantías de los tomadores de decisión, sino también por la falta de seriedad de algunos jóvenes. Porque no se puede exigir representación si, cuando se otorga, la respuesta es la indiferencia. No se puede hablar de “incidir en lo público” cuando el interés real es subir una historia desde el malecón o al lado del monumento a Shakira. Y más grave aún, esta actitud termina desacreditando a quienes sí trabajan. Los que sí leen documentos, sí construyen propuestas, sí se quedan hasta tarde en las mesas temáticas, sí creen que la política juvenil puede transformar realidades.

Mientras unos se queman las pestañas escribiendo diagnósticos, gestionando mesas de trabajo y movilizando causas, otros esperan simplemente que el gobierno o una institución les financien un fin de semana de turismo político.

— Brandon Álvarez


No se trata de satanizar la alegría ni la experiencia cultural del viaje —viajar es valioso, conocer nuestro territorio mucho más—, sino de recordar que estos encuentros cuestan recursos públicos, tiempo y confianza ciudadana. Cada silla ocupada por un turista político es una silla que pudo ocupar un joven organizado que sí tenía algo que aportar, y es allí donde hoy se intensifican los problemas, porque las conversaciones giran entorno a quien “merece o no” estar en esta Asamblea, y no soy quien para definir los requisitos, pero ser conscientes de a quién se financia para construir, sí es un reto que tenemos como país para cada uno de los espacios, ya sean Asambleas, rendiciones de cuentas, festivales departamentales, porque todos los jóvenes tienen derecho de participar pero estas garantías que se exigen, también se deben retribuir al pueblo.
Ojalá esta Asamblea en Barranquilla no se convierta en otra postal vacía en Instagram. Ojalá entendamos que viajar por el país no nos hace líderes: nos hace líderes lo que construimos cuando llegamos. Y ojalá quienes van por ir, por moda o por descanso, al menos tengan la decencia de no llamar “proceso político” a lo que en realidad es un fin de semana subsidiado.